Posteado por: disimulando | julio 25, 2009

Venezia

Al parecer Nietzsche dijo que si tuviera que emplear otra palabra para decir “música”, usaría el nombre de Venezia.

 

La décima noche, como todas, fuimos a la Plaza de San Marcos, a escuchar a los músicos antes de dormir. No pensábamos tener diez noches. Diez noches dan para demasiado. Excitación, asombro, extrañeza, diversión de góndola, pasmo en los mosaicos de San Marcos, inquietud con el suelo del palacio ducal temblando bajo los pies, vergüenza ajena ante turistas gritones, rabia, nervios, miedo, pena, hartazgo por no poder salir, alivio por no haber salido, euforia, tranquilidad…

 

Y ahora también, claro, la melancolía adelantada, la pena de abandonar tantas cosas a pesar de todo. Los violines desgranaban un vals alegre, y a ese ritmo se me cayeron dos lagrimones. Siempre tuve buen ritmo para llorar.

No era ese el plan, pero la ciudad se me había metido dentro, como el agua salada se infiltraba en sus muros.

 No lo hubiera pensado, pero recorrí sus calles al amanecer, silenciosas y limpias de multitudes.

No estaba previsto, pero tuve que orientarme sola a medianoche por una maraña de puentes y callejones en penumbra.

 Esperaba góndolas, tintoretos, puestas de sol sobre el mar; y no botellones, hospitales, romerías en barca, paseos convalecientes sobre la playa sin olas del Lido.

Tampoco pensé que vería un canal a media tarde secándome las lágrimas y sorbiéndome los mocos, animada mi disposición llorica por la humedad de la laguna y las circunstancias.

 

En Venezia, siendo turista, solo pasan diez noches los ricos y los enfermos.

 

Lo abracé fuerte y miré alrededor con toda la intensidad que pude. La hilera de arcos de las procuradorías, la fachada de la catedral que brillaba a cada rato con un flash. Con el vals en los oídos intenté retenerlo todo, recordarlo todo. Pensé que estaba en el único sitio del mundo que no querría abandonar después de tanto fastidio.

 

Un día antes de llegar terminé de leer Muerte en Venecia y pensé que no se debería asociar una ciudad tan bella a la enfermedad. Una vez allí, en la sala de espera del hospital, recordé ese pensamiento con ironía. Días después, en un puente -lo juro- me crucé con un niño rubio al que llamaban Tadzio. Nuestra última noche coincidió con una fiesta de fuegos artificiales que conmemoraba el final de la epidemia de peste.

 

Alguien en algún sitio se estaba riendo bastante.

 

 


Responses

  1. Nieztsche era un julay.

  2. Preciosísimo tu relato mi querida mármara!

    Yo he conocido el amor…varias veces. Pero…a Venecia no he tenido el gusto, todavía.

    He aquí de nuevo Aznavour aunando lo uno y lo otro. Tu video está clausurado y no es posible verlo. Por tanto…y con tu permiso…a ver si este funciona…..

  3. Disimulando tu relato genial ,sinestésico y metaliterario.Los turistas se lo cargan todo hasta la belleza de la música pero supongo que parte de culpa también la tienen los italinini que se pasan con el turismo.

    yo de Venecia me quedo con el Mercader

  4. En esa película Al Pacino me dejó muerta. Es tan brutal su interpretación que cuando salían los otros actores me sacaban de la peli!

    Nuestra estancia fue increible a pesar de todos los imprevistos. Venezia soporta cualquier cosa. Solo se la cargarán -por desgracia- el tiempo y la humedad de la laguna. Como la mayoria de turistas van para 48horas, solo están en los puntos clave, así que en una caminata corta puedes estar en un barrio precioso y tan solitario que parece mentira.

  5. Maravilloso relato Disimulando. Nadie como tú para introducirnos en esta Venezia, con z. En los tiempos en los que moceaba (o mozeaba) me dijeron que “Muerte en Venecia” tenía una versión en película que superaba al libro. Por eso nunca lo leí, porque cuando vi la película quise quedarme con esos brillos metálicos, con la música, con el tinte corrido del protagonista, con la silueta renacentista del chico, con la humedad de los canales, con la enfermedad…
    Me ha encantado eso que dices de: “En Venezia, siendo turista, solo pasan diez noches los ricos y los enfermos.” Va al pelo con el libro-peli y con tu estancia allí. Yo procuro no leer nada de literatura sobre el lugar cuando viajo, para no dejarme influir, lo hago a la vuelta. Eso hice cuando estuve en Roma, no quise leer nada de lo que había escrito Sthendal sobre la ciudad durante su larga estancia. Lo hice a la vuelta, estuve siete dias encerrada leyendo, recordando, identificando, en difinitiva, sufriendo su síndrome.
    Gracias por tan precioso relato, a ver cuando quedamos e intercambiamos impresiones. Bacci


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