Posteado por: faustroll | noviembre 23, 2008

Diario de una polilla

polilla

Querido diario:

La vida es muy dura aquí para una mariposa pequeña y nocturna. Apenas termine el nido debo partir a explorar mi universo y eso es algo que me inquieta. Sin embargo, me esfuerzo cada día y ya está delimitado el perímetro de mi casa. Encontré un lugar a salvo y sin luz, cerca de un mar de rica lana, que servirá de alimento a mis legiones de larvas.

 

Sobre todo, debo estar muy atenta para que ÉL no me encuentre. Así que decidí estudiar las horas y los modos, con el fin de diseñar un patrón que me haga fuerte. Porque a pesar de mi fragilidad, he de fingirme segura y hasta peligrosa. ÉL debe aprender a tenerme miedo, yo jamás debo correr ningún riesgo.

 

Ocho de la mañana. La luz es suave y el clima templado. La gran compuerta que separa mi mundo del resto se desliza con gravedad y ÉL aparece cansado. El intervalo es pequeño, la luz se va y yo permanezco cerca, agazapada.

 

La mañana pasa lenta. Después de trabajar en el nido fui a deslizarme en los pliegues de las sábanas.

 

Tres de la tarde. De nuevo la luz, que esta vez me encuentra desprevenida. Así que permanezco inmóvil, mientras ÉL insiste en el abatimiento. Lo noto en sus ojos y sus formas. Me asusta reconocerlo, pero eso me entristece, con una pena desconocida, casi podría decir que no es una pena de polilla.

 

Paso la tarde pensando en ÉL y en mi extraño penar y por primera vez, desde que estoy aquí, tengo miedo. Me asfixia pensar que el mío es un lugar cerrado y, a pesar de no echar de menos la luz, no paro de preguntarme qué pasaría si esta oscuridad de ahora fuese eterna. Aunque me turba aún más tener que reconocer que estos no son pensamientos de polilla.

 

La verdad, quizás sea más dura. Estoy sola en esta oscuridad y la luz…

En fin, debo aprender, debo trabajar y ser fuerte, el nido es lo más importante y sin embargo, tengo ganas de verle. Sus ojos son mi religión. No quiero desesperarme, pero me desespero.

 

Cómo explicarle…con qué extraño lenguaje le diría: no tengas miedo, sólo quiero estar aquí un rato, mi hogar y yo somos de otro mundo, sólo quiero saber cuál cálidos son tu pelo y los huecos de tu cuerpo. Sólo quiero descansar, si tú quieres que descanse, en el calor de tus noches a contratiempo.

 

Pero no soy más que una polilla, tímida aunque sincera, y aguardo en el ir y venir de sombras.

 

Diez de la noche. Ya casi la esperanza es resignación, cuando surge ante mí el gran abismo. Y un no sé qué me hace dudar entre mostrarme y no mostrarme. Como si esa fuese la clave. Como si todo no dependiese del gran Dios de las polillas.

 

Pero tengo miedo y permanezco inmóvil y callada. Y las horas, de ahora en adelante, serán el campo de batalla, en donde jugaré a esperar y me moriré de pena.

 

 

 

 

 

 

 


Responses

  1. ¿Hace cuánto que te fuiste del Flori? La semana pasada no ti vi.

    ¿Pero quién es ÉL ? ¿el dios de las polillas? ¿una polilla macho? ¿el miedo en si mismo? ¿algo que desea pero que piensa que le va a hacer daño? ¿algo que va destruir a la polilla? ¿algún tipo de droga? Bueno ya , estoy desvariando.

    ¿Te lo has inventado tú? ¿Tiene segunda parte ? ¿o el final es que se muere de pena?

  2. Polil a mansalva necesitan algunos armarios…

  3. Wau!

  4. Que entrañable y sobrecogedora historia. Yo también recelaría si fuera una polilla, es más recelo ahora mucho y no tengo la pinta esa. Besitos. Te echaba de menos por aquí. Las aceitunas de tu : chapó. Almíbar tengo tu media garrafa guardada, a ver cuando sacamos un tiempito.

  5. Qué envidia esa capacidad de abstracción.

  6. Pues a mí eso de las polillas me recuerda a “El silencio de los corderos”, en aquellas escenas del sótano. Un asquito, vamos.

  7. Saluda a tu polilla de mi parte!
    Mañana le diré yo algo…porque acabo de ver tu post y ya me voy a dormir.

    Buenas noches a tod@s!

  8. A veces no está mal ser una polilla….

    Saludos!!

  9. Ëstö cädä vez se parece más al Silencio de los Corderos. Crisálidas al poder.

  10. Que se lo digan a Gregorio Samsa:

    ” Cuando Gregorio Samsa despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama convertido en un insecto monstruoso. Estaba echado sobre el quitinoso caparazón de su espalda, y al levantar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas durezas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia. “


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