Posteado por: Pacolomo | febrero 4, 2012

Moisés cabrón!!!!

Posteado por: Pacolomo | noviembre 9, 2011

Cuando la persona de atras arruina tu foto

Posteado por: Pacolomo | junio 30, 2011

Se terminó el curso vamos a repasar un poco lo aprendido,…

Posteado por: Pacolomo | junio 20, 2011

Un héroe de nuestro tiempo

Todavía no ha llegado a despreciarlos: sabe que la mayor parte son buenos chicos, con ganas de agradar y de jugar

Ahí sigue, el tío. Aún no se ha vuelto un mercenario de la tiza, de esos que entran en el aula como quien ficha donde ni le va ni le viene. Tal vez porque todavía es joven, o porque es optimista, o porque tuvo un profesor que alentó su amor por las letras y la Historia, cree que siempre hay justos que merecen salvarse aunque llueva pedrisco rojo sobre Sodoma. Por eso, cada día, pese a todo, sigue vistiéndose para ir a sus clases de Geografía e Historia en el instituto con la misma decisión con la que sus admirados héroes, los que descubrió en los libros entre versos de la Ilíada, se ponían la broncínea loriga y el tremolante casco, antes de pelear por una mujer o por una ciudad bajo las murallas de Troya. Dicho en tres palabras: todavía tiene fe.

Aún no ha llegado a despreciarlos: sabe que la mayor parte son buenos chicos, con ganas de agradar y de jugar. Tienen unas faltas de ortografía y una pobreza de expresión oral y escrita estremecedoras, y también una escalofriante falta de educación familiar. Sin embargo, merecen que se luche por ellos. Está seguro de eso, aunque algunos sean bárbaros rematados, aunque los padres hayan perdido todo respeto a los profesores, a sus hijos y a sí mismos. «Voy a tener que plantearme quitarle de su habitación la play-station y la tele», le comentaba una madre hace pocas semanas. Dispuesta, al fin, tras decirle por enésima vez que lo de su hijo estaba en un callejón sin salida, a plantearse el asunto. La buena señora. Preocupada por su niño, claro. Desasosegada, incluso. Faltaría más. La ejemplar ciudadana.

Pero, como digo, no los desprecia. Lo conmueven todavía sus expresiones cada vez que les explica algo y comprenden, y se dan con el codo unos a otros, y piden a los alborotadores que dejen al profesor acabar lo que está contando. Lo hacen estremecerse de júbilo las miradas de inteligencia que cambian entre ellos cuando algo, un hecho, un personaje, llama de veras su atención. Entonces se vuelven lo que son todavía: maravillosamente apasionados, generosos, ávidos de saber y de transmitir lo que saben a los demás.

En ocasiones, claro, se le cae el alma a los pies. El «a ver qué hacemos todo el día con él en casa», como única reacción de unos padres ante la expulsión de su hijo por vandalismo. Por suerte, a él nunca se le ha encarado un chico, ni amenazado con darle un par de hostias, ni se las han dado, el alumno o los padres, como a otros compañeros. Tampoco ha leído todavía el texto de la nueva ley de Educación, pero tiene la certeza de que los alumnos que no abran un libro seguirán siendo tratados exactamente igual que los que se esfuercen, a fin de que las ministras correspondientes, o quien se tercie, puedan afirmar imperturbables que lo del informe Pisa no tiene importancia, y que pese a los alarmistas y a los agoreros, los escolares españoles saben hacer perfectamente la O con un canuto. Mucho mejor, incluso, que los desgraciados de Portugal y Grecia, que están todavía peor. Etcétera.

Y sin embargo, cuando siente la tentación de presentarse en el ministerio o en la consejería correspondiente con una escopeta y una caja de postas –«Hola, buenas, aquí les traigo una reforma educativa del calibre doce»–, se consuela pensando en lo que sí consigue. Y entonces recuerda la expresión de sus alumnos cuando les explica cómo Howard Carter entró, emocionado, con una vela en la cámara funeraria de la tumba de Tutankhamon; o cómo unos valientes monjes robaron a los chinos el secreto de la seda; o cómo vendieron caras sus vidas los trescientos espartanos de las Térmópilas, fieles a su patria y a sus leyes; o cómo un impresor alemán y un juego de letras móviles cambiaron la historia de la Humanidad; o cómo unos baturros testarudos, con una bota de vino y una guitarra, tuvieron en jaque a las puertas de su ciudad, peleando casa por casa, al más grande e inmortal ejército que se paseó por el suelo de Europa. Y así, después de contarles todo eso, de hacer que lo relacionen con las películas que han visto, la música que escuchan y la televisión que ven, considera una victoria cada vez que los oye discutir entre ellos, desarrollar ideas, situaciones que él, con paciente habilidad, como un cazador antiguo que arme su trampa con astucia infinita, ha ido disponiendo a su paso. Entonces se siente bien, orgulloso de su trabajo y de sus alumnos, y se mira en el espejo por la noche, al lavarse los dientes, pensando que tal vez merezca la pena.

 

Arturo Pérez Reverte

Posteado por: Pacolomo | junio 20, 2011

Poesía con greñas II

Salgo a pasear por dentro de mí
veo paisajes que de un libro
de memoria me aprendí:
* “Llanuras bélicas y páramos de asceta
-no fue por estos campos el bíblico jardín-;
son tierras para el águila un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín” *
Bajé las escaleras, sí, de dos en dos
perdí al bajar el norte y la respiración;
¿Y por las noches qué harás?
-las paso descosiendo, aquí hay un arco por tensar.
¡Qué yo me acuerdo todavía cuando te besaba!
¡La cago vuelvo a tiritar!
¡Si tú no te juraras siempre que yo te faltaba!
¡A veces todo es tan normal!
Bajé las escaleras, sí, de dos en dos
perdí al bajar el norte y la respiración;
¿Y por las noches qué harás?
-las paso descosiendo, aquí hay un arco por tensar.
Y hago colas sin parar
en la puerta de algún bar
yo tó borracho consumo las horas,
mientras encuentro alguna luna que ande sola.
¡Qué yo me acuerdo todavía cuando te besaba!
¡La cago vuelvo a tiritar!
¡Si tú no te juraras siempre que yo te faltaba!
¡A veces todo es tan normal!
¡Qué yo me acuerdo todavía cuando te besaba!
¡La cago vuelvo a tiritar!
¡Qué no, qué ha sido un momentito sólo de bajada!
¡Qué aquí no pasa nada!
¡Qué no pasa nada!
¡Qué no pasa nada!
Y hago colas sin parar
en la puerta de algún bar
yo tó borracho consumo las horas,
mientras encuentro alguna luna que ande sola.
¡Qué yo me acuerdo todavía cuando te besaba!
¡La cago vuelvo a tiritar!
¡Qué no, que ha sido un momentito sólo de bajada!
¡Qué aquí no pasa nada!

“Buscando una Luna” Extremoduro

Posteado por: Pacolomo | junio 11, 2011

Nota a pie de página sobre el mundo moderno.

Indignados,Ja!! Esto si es estar indignado, pero al estilo Saramago.

Posteado por: disimulando | junio 4, 2011

no puedo dejar de compartir esto

Ayer la pusieron en un bar DOS veces.

Posteado por: Pacolomo | mayo 30, 2011

SMS apocalíptico

Ya sabemos que el Apocalipsis va a llegar pero el mensaje no puede ser más claro.!!!!!!!y ME TENEIS HASTA LOS COJONES!!!!!!!!!!!!!!!!!

Posteado por: Pacolomo | mayo 27, 2011

Declaración de amor

El amor está por encima de todo aunque te llames Jerónima.

Posteado por: disimulando | mayo 24, 2011

HABLA, PUEBLO, HAbla

Grandes misterios del Reino de Murcia.

Se admiten intentos de sugerencia.

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